5.1.17

Cazando

Fingimos aventarle la pelota al perro
o le escondemos una vara de nogal
no sin dos cucharadas del placer perverso
de aquel que guarda la pelota entre los dedos
de quien maneja el rumbo de la vara
de quien suele trazar caminos
—arrogante—
por donde espera que las cosas pasen.

Y nos reímos del perro
por supuesto
y le decimos tonto
y le decimos bobo
y besamos su frente
y todo pasa.

A veces puede ser
incluso
que aceptemos lanzarle la pelota.

Y luego al otro día
—que es lunes—
salimos a la calle hinchados de café y confianza
a ver si podemos cazar una pelota
o al menos la semblanza de una vara.

A veces puede ser
incluso
que nuestra frente nunca sea besada.


8.12.16

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