3.2.14

Oda



Hay veces, y son más de las deseables, creo,
en que pienso que no hay más poema
que la noche y su silencio.

Y no es porque sea bello
   (que lo es)
Y no es por sonar cursi
   (que lo suena)

Más bien ese silencio, sus estrellas,
hablan terribles del pasar y el irse —
hablan de cómo hay luz,
pero no dura,
y hablan de cómo hay voces
que se callan.

Todo se calla, siempre.
Todo se apaga, siempre.

Estos momentos que vivimos
mueren cual velas en un frasco,
y a cada instante de vigilia
siempre le sigue un parpadeo
   (pequeña noche viva)
hasta que al fin se cierra el teatro
y cae la noche de verdad.

Y no es por sonar triste
   (que lo sueno)
Y no es porque sea bello
   (que lo es)

Más bien aquella muerte a que camino
me sabe a eternidad en un gran cielo
donde ya no habrá luz
y no habrá velas,
donde la gente duerme
sin ronquidos.

Los días se acaban, siempre.
La noche gana, siempre.

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