2.3.12

050 (La Entrada 50)

Nos ha tomado bastante tiempo llegar aquí. Poco más de dos años, aproximadamente. Pero la verdad es que a menudo no tengo mucho que decir. Ni siquiera fantasías que escribir, apartándome de mi mismo. El estado actual de dvx como espacio es indeciso. Estoy ahogado por muchas cosas, y aunque no he dejado de escribir, es difícil sentir determinación o ilusión. Tengo un par de novelas cortas en la banda transportadora, sin poder avanzar. Y miles de buenos cuentos desperdiciados.

El estado de dvx como persona es aun más dudoso. Estoy cansado, la mayoría del tiempo sólo deseo dormir y olvidarme de todo. Si supiera que nadie me requiere o que soy por completo inútil, me tiraría a un foso ahora mismo. O por lo menos no me resistiría. Sin embargo, sí soy requerido, por varia gente. E incluso, por mí mismo. No puedo huir tan fácil. No puedo irme sin dejar una marca, para siempre, y por eso hoy tengo tanto miedo. Hoy tengo que dejar algo atrás, con el objetivo incompleto. Sé que si me arrepiento y regreso, me volveré sal como la esposa de Lot. Y aun así, es tan difícil. No me gusta dejar las cosas atrás; los cambios me aterran. Y como me han dicho varias veces, no tengo el carácter para enfrentarlos con dureza. Me doblo, lloro. No soy el alma de la fiesta, nunca voy a serlo. Sólo espero sobrevivir para ver un mañana que tenga color.

Ademas, creo que estoy enfermo, o por lo menos muy extraño. Mis sueños se están saliendo de control, llegando a territorios de un horror que nunca había sentido. No hay monstruos ni nada por el estilo. Es mucho más simple y primario, algo que deja de lado el imaginario de un cuento de terror. Son zumbidos en la cabeza, es no saber si estoy dormido y soñando o despierto y paralizado, son ecos de voces innombrables atrapadas en mi cráneo. Ayer noté una bolita en mi cuello y creo que tendré que ir al médico, porque los ganglios que se inflaman por una simple gripa no suelen estar en esa zona. Tengo mucho miedo. Aunque eso no es novedad.

De cierto modo, esa es la manera en que enfrento al mundo: con miedo. Temo por mí, y temo por ustedes. Quizá sea estúpido decir algo así, pero temo por la pureza de este mundo y de su gente. Hoy he comprobado que el cariño no es suficiente, y algo debe de haber mal ahí. Algo esta trastocado dentro de todos nosotros. Nos alejamos unos de otros con una facilidad pasmosa, y ni siquiera nos detenemos a pensar por qué. Una parte de mí quiere tirarse al suelo y gritar "¡No soy nada!" hasta que los pulmones me revienten de sangre. Pero no puedo. Sería una mentira.

La verdad es mucho más moderada. Soy algo, algo imperfecto, algo doloroso.

Me duele ser tan débil,
me duele ser un humano
tan humano
enganchado a un mundo de humanos,
siendo querido,
odiado,
engañado,
tan brevemente solapado
por humanos.

Todo sería, quizá, más llevadero si nuestros espíritus flotaran sin tocarse. Niebla entre la niebla y sobre la niebla. Sin ataduras ni compromisos; simplemente polvo de estrellas iluminado por la luz tenue del alma tranquila. Y veo por la ventana y el mundo es tan duro. No me refiero a difícil (aunque también lo es), sino a la violencia y tosquedad de sus contornos. Las casas en que vivimos tienen ángulos rectos, y se erigen como árboles grises y estériles, con las raíces enclavadas en el suelo. Enclavadas y enterradas. Vivimos inamovibles en el suelo. No somos aéreos, ni etéreos, ni libres. Somos seres rastreros, a quienes algún desliz cruel les otorgó demasiada consciencia.

De cuando en cuando desearía no saber nada de la libertad. Quemar los libros de filosofía, destrozar los de literatura. Vivir de los frutos del campo y no querer nada más. Mas, no sé por qué o para qué, nací humano. Lo asumiré y tragaré el dolor, repitiéndome los mantras que sean necesarios para no quebrarme. Tal vez entonces pueda ver hacia adelante y no ver un vórtice donde hay algo incompleto. Y luego, sólo en ese momento, emprender la marcha que he elegido. Arribar, algún día, a la eternidad.

Aunque tenga que arrastrarme
por el fango,
por la lluvia,
por la enfermedad,
por la soledad,
por la incertidumbre,
por el dolor,
por el amor,
por la decencia,
por la ignorancia,
por los murmullos,
por arrecifes.
Aunque tenga que arrastrarme
por el desierto,
por falso y cierto,
por el lamento,
por el destierro,
por la cordura,
por la locura,
por la eminencia,
por la inclemencia.
Aunque tenga que arrastrarme
por mis amigos,
por estos libros,
por mi demencia,
por la experiencia,
por altas torres,
por hondas celdas,
por mil colores,
por sinsabores.
Me arrastraré para llegar,
nunca llegando,
siempre deseando,
por llanos valles,
por los volcanes,
por mis pecados,
por los estragos,
por casas turbias,
por dias soleados,
por esas tumbas,
por cien personas,
por tu presencia,
por tu persona,
por tu persona,
por tu persona.

No hay comentarios:

Publicar un comentario