15.2.12

Ruido Blanco


Hay algo, bajo niebla oculto
 antes y después del alba.
En cada punto en cada mapa
solo existen tus pisadas.
Los puentes simplemente unen
los caminos en que cruzas.
Las puertas simplemente abren
renombrando tu presencia.
Tus ojos a ese firmamento
cada noche redibujan.
Mis alas sólo tienen vuelo
mientras surquen por tus aires.
Mil galaxias de meteoros
entre tus dedos se estrujan.
Tienes hambre y tienes vida,
movimiento, voz, sentido,
ves la luz en la rendija—
la relegas al olvido.
Tu voz tan real y potente
puede destrozar las cosas.
Puedes degollar los días,
uno a uno, como espinas
que caen de un tronco anciano
y sentirlas.
Y sangrar de tus heridas.
Y heredar a tus amantes.
Y amar a tus herejías.
Puedes correr por los prados
de viento verde inundados.
Respirar la escarcha fría
como un lago en plena muerte,
y cada que te sea la suerte
sufrir llagas y agonías.
Todo esto puedes hacerlo
porque hueso va en tu carne;
porque hay hueso ahí en tu mente,
porque hay carne en tu deseo.
Yo puedo ser los colores
que me dicten tus sentencias.
Disfrazarme de rumores
o estallar en mil estrellas
de ruido enorme y sinfónico,
pero siempre encadenada
al compás de tu palabra.
Puede ser que sea el camino;
que tú debas recorrerme.
Pero no sé mi destino;
no sé siquiera si viene.
Yo no puedo descubrirlo,
y esa marca va en tu frente.
La incertidumbre es mi guía
pero tú le das sentido.
Sin ti mi tinta no ha sido,
ni mi nombre pronunciado.
Sin ti me quedo arredrada
en los rincones de un libro.
Sin ti soy sólo aire inicuo.
Sin ti yo no soy poesía.

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