21.1.12

Milímetros: Segunda Entrega


Paranoico

Por la noche temía ver el cielo. Cada estrella era una mirilla por la que se colaba un intruso, riendo.

Protección

Envolvió su inocencia en papel aluminio, pero la dejó demasiado tiempo en el horno.

Jugarreta

—No sé muy bien si yo odio al alfabeto, o si es el alfabeto el que me odia a m—hh#qjge*dp.

Desperdicio

Después de setenta años, la carrera terminó cuando uno de los competidores cayó al suelo y yació muerto. Sólo entonces vieron que habían olvidado marcar una meta.

Persianas III

Volteó a ver la cama con recelo. ¿Dónde se esconderá la araña?
No quiso ir a dormir esa noche.

Astronautas

¿Acaso los niños que quieren ser astronautas ya se dieron cuenta de que algo no va muy bien en la Tierra?

Veterano

Regresó de la guerra con medallas y presentes. El pueblo estaba en llamas.

Bosque

Tantos seres. Tantos brazos, siempre extendiéndose hacia arriba. Muriendo y renaciendo. Multiplicándose y ramificando. Desesperados y deseosos. Más alto, más alto, más alto.
Hay un solo cielo, que nunca alcanzan.

Preferencias

Había una chica con el cabello largo, perfecto y ondulado; y las uñas esmaltadas más brillantes que el cuarzo. Yo no la observaba a ella.

Patriotismo

—Me encanta tu huerto, es inmenso. ¿Podría tomar un tomate?
—No.

Hogar II

Se levantó de la hierba y encontró a su casa junto al río, a unas leguas de distancia. Caminó dentro, como si nada, y le pidió el desayuno. La casa, ya sin fuerzas para huir de nuevo, calló y olvidó poco a poco.

Documentos

Nadie se explicó cómo había desaparecido. Dentro de su apartamento sólo yacían las cenizas de tres actas de nacimiento.

Por Ti

—Por ti, regresaría el tiempo —le dijo, cien años antes.

Milímetros II

El suelo por donde iba se transformó lentamente en un desierto. Quizá no haya nadie aquí, decía, pero eso no significa que esté solo.


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