12.12.11

Juventud


La juventud es la flor de la vida
pero también llaga de inexperiencia.
Pena que sangra las noches, los días;
foso de pocas y vanas respuestas.
La juventud ya no se maravilla.
La juventud ya no nos maravilla.
La juventud ha creído en sí misma
y olvida
que es a crecer que se viene a la vida.
La juventud ya no cree en las escuelas.
La juventud ya no cree las verdades.
La juventud tiene próceres propios:
guerra, vendimia; caos y cafeína.
La juventud ya no ataca al regente.
La juventud sólo yace inconstante,
con ideas viejas que fueron tiradas
y que ellos reciclan con ciega confianza,
La juventud ya no juega en los bosques.
La juventud tiene un bosque en la casa.
Cómodo y cerca, ahí en cada visita
a ese wallpaper plano de su windows vista.
La juventud cree que ama en las horas
cercanas, por cierto, a la media noche.
La juventud no domina sus pasos
y cada tropiezo los hace más torpes.
La juventud se burla de los viejos.
Mi juventud se ha llevado la infancia.
La juventud es demasiado ciega
para ver su cuerpo de pájaro herido.
La juventud ya no tiene colores,
los han lavado enteros en los ríos;
allá en la cañada han dejado emociones
y sueños, pues todos juzgaron impíos.
La juventud vive muerta y cayendo.
La juventud ya no es pócima hirviendo
sino que empero parece tan frágil,
tan tibia y salada cual sopa de invierno.
La juventud ya no cree ni en el arte:
ven en el ritmo y el trazo un abismo
que debe sin duda ser más deformado.
Estirar las formas en vagas secuencias
que ya a nadie nunca recuerden a nada.
La juventud sólo cree que disfruta.
La juventud bebe en viernes y martes.
La juventud acaricia marañas de cielo
para destrozarlas en rígidos dedos.

Esta juventud pertenece.
A la juventud pertenezco.
En mi juventud absorto
veo la juventud dormida;
con los ojos y su vista
en una pantalla atractiva.
Con las manos en la bolsa.
Sin promesas sus caricias.
Y la juventud me ahoga,
pero nada más conozco.
Acaso ilusorio pienso
que es distinto en otra hora.

La juventud es la espina en el rostro
de un golpeado mundo ya malhumorado.
De la juventud les hablo
para encontrar el consuelo
de hallar en sus vicios siempre mi reflejo,
y tan sólo una sombra en todos mis espejos.
Pero la juventud me llama.
Esta juventud me envuelve.
Tan plena y tan ciega, tan sabia y tan necia,
tan llena de vida y tan desperdiciada.
Solo nos queda vaciar nuestros mares,
rendir nuestras armas y esperar que sea
un lúcido día, en muchísimos años,
que retome el curso la vieja marea.


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