11.10.11

Foso de Serpientes


De pronto desperté de mi sábana
de miel, y me aventaron dentro.
Y me dijeron: se acabó el ensayo.
Y se acabó.

Una vez dentro me encontré millones
de serpientes, en sí enredadas.
Y me dijeron: únete a nosotras.
Me les até.

Las primeras mordeduras atroces
fueron; y mi piel vi arder.
Y me dijeron: no tardará en caer.
Me acostumbré.

Ya con mi nueva piel, fresca coraza,
me moví libre por el foso.
Y me dijeron: usa tu veneno.
Y lo probé.

Sentí mis escamas duras y fuertes,
la tenaza en mi boca voraz.
Y me dijeron: devorador rapaz.
Me regodeé.

Y comenzaron todas a temerme,
mas también a quererme cerca.
Y me gritaron: yo seré tu dueña.
Me carcajeé.

Cuando un día me llegó el soso marchite,
quebró el espejo de mi casa.
Y se burlaron: parca solitaria.
No las culpé.

Luego te me apareciste al borde del
invierno, mi gris alumbrando.
Y susurraste… yo no sé qué tanto.
Me derrumbé.

Rogué que mi sentir no fuera falso
amanecer, sino un ocaso
apacible. Fue todo verdadero,
por un rato.

Ahora las mudas de piel se me han ido
enteras, no más que preludio
del azul letargo. Creo que fue todo
un hechizo.

Digo que creo porque te recuerdo
como se recuerda un sueño de
niñez. Nebuloso, adusto, un verde
pasajero.

Las escamas que cubren el suelo son
copos de nieve. En el foso vi
cambiar los fuegos, y ahora seré nada.
Esqueleto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario