25.8.11

Silencio

No cruces la puerta después de las siete. Cuídate de jugar en voz demasiado alta, o llamar a un amigo distante en los caminos con un grito violento. Vigila tus pies cuando llegue el otoño, no debes triturar las hojas secas. Ellos duermen. Nunca pienses siquiera en vagar por el bosque, y mucho menos si vas ataviada en colores brillantes. Tus pasos deben ser resignados, silenciosos, y ser olvidados sin que se escuche un eco, como un cuerpo muerto en el yermo, o un fantasma al acecho. Debes entender. Ellos dormirán por diez años, y no queremos perderte.

Si, parada en el porche, fijas tu mirada al oeste, sólo habrá una sombra de fantasmas de plata, levantando sus hojas en la niebla, trazando pequeños patrones con sus ramas cuando el viento las abate suavemente. No los verás, pues, dormir allí debajo, en frías guaridas de barro y hierba. Deja las cosas así, y confía en nuestra palabra. Dawkins, el anciano que vive bajando la carretera, él vio a uno. Él y un amigo despertaron a la criatura mientras intentaban acabar con ella, ya que no creían que fuera a escuchar el rifle antes de que la bala se alojara en el cráneo, pero los atrapó antes de que lo sacaran siquiera de la funda. Jamás pudo relatar lo que pasó con el amigo. De hecho, el hombre no ha vuelto a pronunciar palabra. Algunas personas han comenzado a dudar de que aún haya una lengua cautiva dentro de su boca. Eso sucedió la última vez que durmieron, hace treinta años, cuando éramos niños como tú ahora.

Tu madre te guiará hasta la escuela cada mañana, y el Padre Merrick se ha ofrecido a dejar a cada niño en casa después de clases. Entiende que es por tu propio bien. Ellos no saben de edad, y no respetan ningún amor o valor humano. Nosotros cuidaremos de ti celosamente, hasta que el sol se levante de nuevo, y ellos partan a las montañas. Confía en nosotros. Puede parecer duro para ti, pero nuestro dolor sería demasiado para soportarlo. Te llevaré a recoger flores del patio trasero por las tardes, si sólo prometes no reír a carcajadas. Ellos escuchan por kilómetros. ¿Recuerdas la derruida pared de piedra detrás de la iglesia, donde viste a los cuervos comer una mariposa aquella vez? No siempre estuvo tan arruinada. Dicen que alguien tiró una piedra hacia el campanario, y la campana repicó, por mal chance. Eso fue hace cien años, y no quedó nada del antiguo pueblo, a excepción de esa pared.

Ven, tu madre ha preparado un poco de té, justo como te agrada. Toma mi mano. No llores, querida, es la cruz que debemos cargar. No llores, que ellos caerán dormidos a la medianoche, y pueden oírte. Seca las lágrimas, cariño. Vamos a estar bien. Es sólo una noche larga. Vamos a estar bien. Calla.

Debes entender...

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