12.12.10

5R : Suburban Revolution /// Ch. 4

4 – 06/Noviembre/1996

“...Y tres veces senador por Pennsylvania. El presidente electo, William Ernest Bryce!”, exclamó el altavoz del salón donde daría su primer discurso después de la victoria indicada por televisión y radio.

Bryce salió entre vítores y aplausos cálidos de sus compañeros de partido y esgrimió la mejor sonrisa que su amplia carrera política le había enseñado. Aunque no tuvo que esforzarse pues ese era, en verdad, uno de los días mas expectantes y felices de sus años.

Estrechó diversas manos a su paso hasta el podio. Se sintió bien. Apreciado y admirado por todos. El maestro y líder absoluto de las sillas plegables ahí presentes y de los papeles coloridos que caían del techo. Superior a esos rostros sonrientes, en su mayoría viejos, que el sabía falsos e hipócritas, y que tanto se parecían a el.

Porque detrás del abrazo cálido y el discurso inspirador, Bryce era un hombre podrido, y aun peor que eso. Era orgulloso de ello. Atravesando el mar de grises cabellos pensó cuán infame era todo aquello y cuanto quería derrumbar la democracia de papel que todos ellos protegían. Fue entonces cuando por fin logró poner en orden las palabras que venían revoloteando en su cabeza por días.

En cuanto llegue a ese podio, acabaré con todo.

Su discurso fue corto, pero animado y elocuente. Más aplausos vinieron. Después se retiró a las sombras por un tiempo y planeo lo que haría al ingresar a la Casa Blanca. El día de su toma de posesión fue aterradoramente similar a aquel ante la asamblea de su partido. Los mismos aplausos. Las mismas sonrisas. Pero no el mismo Bryce. Este ya no era solo un hombre con bilis en vez de sangre. Este era un hombre con un plan.

El carro negro lo llevó a la Casa y las rejas se abrieron frente a él. Nadie lo sabía, pero en cuanto se cerraron, todo había terminado. Antes de que nadie supiera que había comenzado.

William Ernest Bryce sonrió en la oficina oval. Luego levantó el teléfono.

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