16.11.10

El Humo Oscureciendo


Camino sobre las cenizas del mundo. Solo dentro de la morgue eterna. Las heridas del tiempo sangrándome poco a poco. La luna se cierne pálida sobre la costa. Su luz blanca no me da esperanza.
El cielo, pesado y gris, revolotea en nubes estremecedoras. Los huesos se esparcen alrededor de la playa. El viento, helado y violento, los entierra cada vez más en la arena. Somos difuntos y la tumba es el mundo entero. Los segundos se alargan, pasando frente a mis cansados ojos cual peregrinos arrodillados.
El mar susurra gemidos breves y opacos. La media noche acecha trémula, esperando que yo duerma sin un mañana frente a mí. Leves olas se estrellan contra el faro. Algunas rocas están secas, y su altura dejaría ver hacia el horizonte, si este hubiera. Me siento a ver el agua correr bajo la oscuridad. Creo sentir mi cuerpo inclinarse hacia allá lentamente. Mi mente en blanco, tan cansada, tan cansada.
Las nubes bajan de golpe como águilas cazadoras negras, y forman un remolino sobre mi cabeza. La vida se me escapa en un sueño sin retorno, y es que mientras me pierdo en la profundidad del océano, veo figuras terribles y hermosas en el halo de humo negro. Veo mis errores y buenos momentos, repaso sonrisas y lamentos. Oigo voces de trueno dentro de la espesa nube. Me alaban y me insultan. Me llaman.
Y en la negrura me esfumo, en el abismo me pierdo. Tal como vine. Solo, frío y confundido. Tal vez un poco feliz. Un último respiro antes de sumergir la cara. Un vistazo, algo en el mundo, alguien. Nada.
Humo negro, humo negro.

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