28.12.09

En glacial murmullo

En glacial murmullo.

I

El remo se hundió de nuevo en las verdes aguas del río eterno. Oíamos un murmullo de agua sin signos de vida en los alrededores de la canoa. De haber estado mas lejos no habríamos oído nada, a no ser que las nubes silben al flotar.

El alma de Ѳ estaba en la mas absoluta paz. Miraba al frente, determinado, partiendo la niebla blanca que cubría las riveras, tal vez inexistentes, del río, que viaja sin fuerza, que no tienes rocas visibles y que solo ondea inerme dejándonos conocer de su condición de río solo porque desemboca...

La niebla se fundía hacia arriba con un vapor aun mas claro, que a veces se condensaba en precipitaciones inútiles para cualquier fin aparente. Gotas inermes caían sin violencia alguna de forma vertical sin reconocer al viento como caen los cadáveres por los barrancos. Mojando lo empapado.

Y como se sentía en los adentros respirar entonces el aire helado, que reconfortante era sentir como calaba en los huesos como si los estrujara, neutralizando el dolor y llevándolo a aquel mundo sin problemas que todos hemos soñado y que es diferente para todos. Un mundo con tal belleza que huir no fuera una opción, desviarse no fuera necesario, y el apartarse tuviera nulo atractivo.

Y cuando cayó la noche flotó a la deriva. Pretendió ver al cielo pero el vapor le bloqueó la vista y luego los párpados hicieron lo propio con su conciencia. Y aquella noche no llovió. Ni hubieron sueños algunos. Tranquilidad sorda y mansa. Paz nebulosa y turbia.

Tomando un rumbo del que solo le quedaba esperar no fuera opuesto al de ayer, el alba lo revivió. Como todas las albas lo revivían. Como aquella destinada mañana en que se separó del mundo conocido por todos, donde habitan seres en letargo espantoso que se vuelve mas desgarrador mientras mas uno lo observa.

Construyó su propia canoa y compró un remo de segunda mano y sin necesitar mas, partió seguro de hacer lo correcto sin mirar atrás, y que bueno que no miró, panorama desolador le esperaba. Nadie miraba adelante por el.

Y lo hizo con convicción nada indiferente. A pesar de haber empujado a todos a un lado, incluso a los honestos y valiosos, sentía una profunda puñalada al tener que renunciar a su ser y separarse de todo. Se sentía desterrado, no podía decirse que no la había intentado o que hiciera esto por voluntad pura. Simplemente no estaba diseñado igual.

II

Respiraciones regulares que revelan largos años de experiencia. Madera hinchada flotando perezosamente y n palo gastado con las puntas moldeadas balanceándose entre sus brazos. Avance y desgaste.

¿Qué sentido tiene la vida si no hay esperanza de una sorpresa? Y sin embargo no se cuestionaba. Había aprendido a arrinconar la duda y ser preciso a desollarla por su impertinencia. Es una carga hercúlea cargar con un espiritu reflexivo por naturaleza pero decidido por convicción, que toma la vida en su palma y la tritura entre sus dedos con la certeza de ascender por ello a los cielos. ¿Acaso es posible ser inmaculado? Sin duda lo es pero para un ser humano no es tan fácil. Es imposible no notar como en un mundo natural balanceado y perfectamente pacifico solo nosotros desequilibramos tan superior sistema. El había elegido vagar errante y solo admirar la obra puesta ante sus ojos, pero en ocasiones sentía como los hombres lo jalaban hacía su gris y hediondo mundo obligándolo a darles la cara hasta que no pudo soportarlo mas. Ante las tentaciones terrenas, ¿Acaso es posible cerrar los ojos?

Por ahora los tenía abiertos, pero solo la niebla los recibía. Misma que el reciclaba con sus inhalaciones. Cierto era que se movía pero no era enteramente por si mismo. Solo lo hacía como un elemento mas del ambiente. Uno con todo. Igual de incierto que el vapor flotante y que las ondas apenas perceptibles, entregado al azar y sumido en su propia inexistencia. Hacía mucho tiempo que había olvidado su voz, y con ella toda distinción entre el y los demás, realmente era posible que violando varias dimensiones hubiera pasado a ser parte de ese segundo grupo. Y parecía aceptarlo.

El todo lo absorbía en un paternal abrazo sin cuestionar ni juzgar nada, las decisiones estaban tomadas y el tiempo corría tranquilo, las carreras eran inútiles como cualquier esbozo de la vida entre humanos. Ese pulular incesante que termina por enloquecerlos con una locura mucho mas profunda que la que ellos mismos condenan en los lunáticos. Terminan por atarse a sus sentidos convenciéndose de que lo real es lo tangible sin reparar en que vivir en un mundo irreal y desquiciado resulta a veces mucho mas noble que encajar en un sistema que tu no creaste, ni elegiste, y que serías total iluso en pensar que podrás cambiar. Y todo para que lleguen esos últimos momentos en que te enfrentas al infame túnel de luz que describen tantas religiones y todos se preguntan porque no hicieron tal o cual, deseando haber caminad otra senda, pues la mayoría terminan siendo un desperdicio. La única razón por la cual las religiones premian el arrepentimiento es porque nos guían por vidas de las que es justo arrepentirse.

Pues Ѳ no quería nada de esto, los rechazaba a todos, y había elegido agua, aire y tiempo como sus únicos compañeros. Pocos podrán culparlo. Son compañía tranquila, celosa y reservada, que ofreces sin pedir mucho. Y que deja encontrar la paz.

El tiempo es un glaciar en agua hirviendo y tu esperas en la cima. Nadie escapa al transcurrir del tiempo excepto los afortunados que aún no nacen. Para todos corre, es objetivo y duro, intraspasable cual bóveda de plomo. No conoce de ruegos ni compasiones. Solo es lo que siempre ha sido, nunca se acelera ni disminuye, solo se distorsiona ante nuestros ojos. Y cuando menos lo esperas te toma entre sus manos y te suspira al oído que tu línea se ha acabado. Y ese glaciar que un día te pareció eterno termina por hundirse y ser consumido entero.

Los últimos días el agua empezaba a correr mas rápida y agitada por los costados de la canoa.

III

La velocidad incrementada del agua creaba espuma que al rozar contra la embarcación y desaparecer despedía un glacial murmullo que inundaba el ambiente. El tripulante notaba como la niebla se había mezclado con gotas diminutas, como de rocío primaveral, que mojaban su cara.

Jamas nadie regresaba a tierra tras montarse en las corrientes de este río. Por eso mismo, aún sin haber oído relato alguno, Ѳ sabía muy bien lo que le esperaba. La única cuestión era la manera. Imaginaba monstruos y males terribles, pero tambíen paraísos vírgenes encerrados tras una costa escondida en sus momentos mas optimistas.
Pero la realidad le decía que si bien el fin del trecho estaba cerca, el río pensaba obstinarse en guardar sus secretos hasta el momento ultimo. El celo de la prisión nebulosa no bajaba, y no había olor distinguible alguno mas que los de agua y cielo.

A todas luces algo estaba cambiando, y esto lo llevaba a recordar todos los momentos que lo habían traído hasta aquí. Todos los reproches, todas las injurias, las malas miradas y los abandonos de los que habían sido objeto regresaban ahora en un recuerdo tan vívido que casi podía tocar las caras de quienes lo ofendieron. Mas tales visiones pasadas, que en otro tiempo habrían incitado su furia ahora solo le provocaban un sonrisa. Incluso con nostalgia hacía la banalidad de su encarnación anterior.

Su situación lo hacía ver a todos los hombres como sus hijos. Espíritus inmaduros que se lastiman entre sí para obtener una alegría mínima. Dispuestos a aplastarse como ninguna otra especie o elemento natural lo esta. Se mofaba de ellos, de su incapacidad para reconocer los matizas del silencio o de asombrarse mirando al cielo. El cielo donde cosas maravillosas pueden nos aguardan si podemos creer en nuestras almas y que de pronto, en una explosión de inusitada belleza, decidió abrir sus puertas a nuestro navegante.

La niebla cesó como había empezado y en tranquilo murmullo se convirtió en rugido. Sus elaboradas fantasías tomaban la forma de una catarata. Transición tan simple y hermosa que se culpaba mil veces por no haberla imaginado. La caída que había de tragarlo se acercaba sigilosamente mientras aun mas recuerdos parpadeaban dentro de su mente, pero en ningún momento lograron persuadirlo para detener su marcha.

Sabía muy bien lo que había dejado, los conocía a todos aunque no los hubieran visto en su vida y sabía que un regreso solo traería dolor, y que esta vez ya no podría soportarlo. Hacía esto para no tener que lastimar a nadie mas. Sabía que ahora el solo sonido de una voz humana lo irritaría a extremos inusitados por romper sin cuidado alguno con la armonía del mundo que se nos ha dado. La espuma golpeando contra las rocas con ímpetu nunca antes visto le pareció la música mas sublime en agraciar sus oídos. Cerró los ojos para oír mejor.

El remo se hundió por ultima vez en las blancas espumas de la catarata. Y después, en un segundo que, a pesar de que Ѳ hubiera jurado lo contrario, duró exactamente lo mismo que todos los anteriores, la canoa se deslizó hacía abajo en una predestinada diagonal. El frío que siempre había sentido fue inmediatamente reemplazado por la satisfacción cálida de quien siempre soñó con una inalcanzable estrella, y que por fin ahora reconoce en el brillo del puro líquido que lo devoraba.

¿Acaso quien bajo un halo de humo negro vive, debe por ello morir igual? Esperemos que no, triste viajero, que caes hacía abajo, talvez ya sin vida, entre deslumbrantes luces de acuífera salvación. Tu que tomaste el mundo que se te dio para vivir y lo arrojaste por la borda de una enclenque canoa, te saludamos con asombro, ya no con mas repulsión. Piérdete en el rugido de las cristalinas aguas y déjanos este mundo que no quisiste aceptar, desaparece escuchando los únicos ruidos que te dignaste a tomar por buenos, y toma la mano que la vida perpetua te ha ofrecido.

Abandónanos desahuciados, y disfruta la brisa eterna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario